Turisme de Sitges

Ruta a pie hasta la playa de l’Home Mort

Ya os hemos compartido alguna entrada sobre la playa de l’Home Mort, una de las más bonitas y salvajes de Sitges. El caso es que os en esta ocasión queremos explicar la experiencia de ir y volver a pie, que es una mínima inversión para la recompensa que os vais a encontrar. Agua, crema solar y curiosidad es todo lo que necesitáis en la mochila. El bañador es opcional.

Sin rodeos ni literatura: vale mucho la pena ir a pasar una mañana, una tarde o un día entero a la playa de l’Home Mort. Imaginaos una balanza: en un lado, el tener que caminar 20 minutos sin apenas sombra (si no es verano, ni siquiera pensaríamos en una balanza), en el otro, una playa salvaje, de agua verde y turquesa, en plena costa del Garraf, con poca gente y muy buena ‘vibra’. Ojalá todas las decisiones fuesen tan fáciles de tomar…

 

Para que lo podáis comprobar por vosotros mismos –lo de que es una decisión ganadora-, os damos algunas indicaciones. Para llegar a este abrazo de arena, mar y rocas hay que situarse en la playa de les Anquines y desde allí dirigirse a lo que era la antigua discoteca L’Atlàntida, donde la nostalgia festiva y sonrisas maliciosas aflorarán sin duda en muchos de vosotros y vosotras –hablamos de una de las discotecas de verano de referencia en Catalunya durante muchos años. Desde allí, toca subir en paralelo a la vía del tren, para luego planear un pequeño tramo y bajar hasta la playa de l’Home Mort. De hecho, una vez haces la subida, la cala ya se divisa y la motivación se refuerza. Si queréis –o lo dejáis para otro día- podéis continuar caminando y en 30 minutos más llegaríais hasta la playa del Faro de Vilanova.

 

¿Ir con niños a la playa de l’Home Mort? Se trata de una ruta poco exigente, por lo que es perfectamente accesible para niños a partir de 6 o 7 años, con las lógicas precauciones (valen para los adultos) respecto a no acercarse a las vías del tren ni despistarse en el tramo en el que la playa nos queda aún abajo y una caída podría ser fatal. Respecto al ambiente, si bien es cierto que no es familiar, si que cuadra perfectamente con su legado de primera playa autoproclamada gay del mundo –y hablamos del 1930: ¡Bienvenid@s tod@s!

 

Si vais en época estival, advertencia importante: apenas hay sombra en el camino–la vegetación propia del Parc del Garraf tiñe de verde el camino pero no coge altura. Por tanto, gorra, crema solar y agua suficiente. Con eso y con pensar en el chapuzón que os daréis nada más llegar, sobra.

 

Más cosas: actualmente –pandemia vigente- no hay chiringuito –si lo había y era una maravilla. Por tanto, avituallamiento al gusto de cada uno. Bañador opcional y preocupaciones, estrés y agobios varios se quedan confinados hasta nuevo aviso. Cerrad los ojos, respirad hondo, volved a abrirlos y la sonrisa sale automática. Se llama terapia sitgetana… ;)

 

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