Turisme de Sitges

Garraf, casitas en la playa y legado de Gaudí

Por ubicación geográfica y por historia, el pueblo de Garraf, que pertenece a Sitges, tiene personalidad propia y bien merece una visita (o más, ya veréis). Las casitas sobre la arena de la playa son la postal más reconocible de un lugar en el que también Gaudí dejó huella. Por algo será…

Empezamos por la postal, ¿no? Pues sí, estamos hablando de una imagen icónica: 33 casitas, verdes y blancas, sencillas y de madera, todas alineadas en la arena de la playa del Garraf y todas de cara al mar. Un skyline propio y seductor declarado como Bien Cultural de Interés Local  -primer paso para su protección-. y que ha sido escenario de diferentes películas y anuncios.

 

Las primeras casitas de Garraf datan de 1920 y de hecho eran cabañas hechas de caña: algunas servían para a las familias para protegerse del sol cuando venían a la playa; otras servían a los pescadores para guardar utensilios y otras daban sombra y servían de descanso para los trabajadores de la línea férrea que se construyó en la zona.  La caña no es que sea muy resistente (ya sabéis lo del cuento de ‘Los tres cerditos’) con lo que estas casitas se se revistieron de madera, y ya en 1930 se edificaron sobre pilones para hacerlas más resistentes a los temporales de viento y mar de levante.

 

¿Os imagináis ‘vivir’ en una casita que en lugar de aceras tenga arena?  ¿Que en lugar de una calle, delante tenga el mar? ¿Que su banda sonora sea tan primitiva como el romper de las olas y la brisa que las empuja? Sí, aquí el mal de Stendhal también es especialmente intenso…

 

Por cierto, de la conservación de las casitas se encarga actualmente una organización –Asociación de las Casitas–, cuyo objetivo es mantener y proteger el conjunto y su entorno.

 

Pero casitas aparte, en el Garraf hay más cosas que ver y qué hacer. Por ejemplo, está el Puerto del Garraf, centro de actividades deportivas y lúdicas (regatas, vela, buceo, etcétera). Y luego está el Celler Güell, un capricho modernista que recuerda a un pequeño castillo medieval con princesa por rescatar. Aquí, en esta antigua bodega, encontramos también diferentes versiones sobre su autoría: se habla de que el arquitecto responsable fue Francesc Berenguer i Mestres, discípulo de Antoni Gaudí; otras fuentes aseguran que fue un trabajo conjunto entre ambos. En todo caso, la huella de Gaudí es indudable. Esta bodega se había reconvertido en un restaurante, cerrado actualmente.

 

Y claro, como vigía del pueblo, luego está el Parc del Garraf, esa maravilla natural, kárstica, única y diferente, gris y verde, con el mar de fondo y diferentes rutas para disfrutar a tu ritmo. No me digáis que la combinación no es atractiva: playa con casitas, legado gaudiniano, puerto deportivo propio y puerta de entrada a un parque natural.  Sí, no hay duda: el Garraf es un pequeño gran pueblo.

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