Turisme de Sitges

Comer en Sitges y ser (muy) feliz en el intento

Aviso a navegantes: se desaconseja la lectura de este articulo si tienes hambre. No lo vas a pasar bien. Nada bien. Porque hoy toca hablar de lo bien qué se come en Sitges. De los productos de proximidad y de una actitud y una filosofía con la que nos identificamos: el slow food. Porque cada sitio tiene su propia cocina, ligada a su ubicación, su tradición y su cultura. Porque la cocina no puede ser un recurso estandarizado, homogéneo y previsible. Porque Sitges sabe a...Sitges.

 

¿Y a qué sabe Sitges? Pues sabe a productos de proximidad y recetas heredadas. Sabe a Malvasía, una variedad de uva que llegó a Sitges por mar; sabe a 'arroz a la sitgetana' y a la ‘escarola perruqueta’ del Xató; sabe a pulpo, a gambas y a Caracol Punxent; y sabe a ‘Espigalls’ o ‘Col brotonera’. Sabores todos ellos que conoce y promueve Valentí Mongay, co-propietario junto con su hermano del restaurante La Salseta, uno de los dos establecimientos de Sitges (el otro es La Nansa) con la distinción del sello Slow Food.

 

Mongay destaca la relación que el concepto de Slow Food tiene con el de ‘Kilómetro 0’, con los productos de proximidad y, por tanto, con los productores de la zona. Esta apuesta por la localización de los productos garantiza, como él mismo señala, que estos sean “buenos, limpios -por su cultivo sostenible- y justos, porque se remunera de forma adecuada a quienes los cultivan”. De hecho, Valentí Mongay cree que el apoyo a los productores locales “es imprescindible para dar continuidad al patrimonio local, del que también forman parte nuestros alimentos, nuestro vocabulario gastronómico y nuestras recetas; eso es un tesoro que no podemos perder”.

 

La temporalidad o estacionalidad es otro elemento clave del Slow Food. Por eso, depende de la época del año en la que vengáis a Sitges, la carta local cambia. Porque la ‘escarola perruqueta’ (con la que se elabora el tradicional Xató de Sitges) es más sabrosa en invierno, porque los ‘espigalls’ se recogen de noviembre a enero y porque el pescado es del día, no de piscifactoría. Esa es la gracia de la cocina de Sitges y de la propia localidad: lo mejor es dejarse sorprender. Por tanto, ven, pasea…y come ;)

 

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